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K , s. Sitio web oficial. Ver todos los créditos IMDb. Me gustaba molestar a las pollonas que con gracia caminaban sobre los repollitos y lentejas de agua, les arrojaba trozos de tierra dura que recogía del suelo, luego de En épocas de empolle hurtaba de los patos silvestres los huevos y los comía hervidos mas por travesura que por necesidad, aunque en algunas y raras oportunidades nos visito la hambruna. Así trascurrían los días intercalando estos de largos paseos, con otros Fue para mis diez y seis cuando se desprendió lentamente mi piel de niño y entre a la adolescencia sin tiempo para aburrirme, trabajando de ayudante en los campos ajenos junto a los peones y así me fui moldeando entre la poca instrucción y los trabajos rudos.

Cuando iba a preguntarle por el destino que les toco vivir a sus hijos, termino el horario de visita y se alejo con andar cansino por el pasillo de aquella prisión gris y fría, donde pasaría el resto de su existencia.


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Presto a esquivarlo murmura un nombre como lo hacía alguien entonces, esa palabra que me causaba tanta ira tonta en la niñez. Aunque fijé mi atención en su rostro de barba desprolija, nada me era familiar, pero su voz atrapo una hebra de mi memoria con tenacidad. Con premura tomé el celular y desesperado llamé a la policía y a emergencias.

Con el brazo derecho se sujetaba a la mitad donde manaba su sangre fruto de un feroz tajo que le abrió el vientre. Sin demorarme, a tientas, puse mi mano sobre la suya y sentí la calidez viscosa que se escurría y la angustiante sensación de que nuestros dedos sostenían sus intestinos para que no emergieran. Me saque como pude el abrigo y lo tape porque sentí que temblaba.

Habían transcurrido varios minutos y la ayuda no llegaba. Todo pasaba con aparente lentitud. Pasaban los minutos.

Me sorprendió gratamente que él la recordara con tanta claridad; como pudo entonó unos versos que me ayudaron a retomar la memoria adormecida y cantamos; fue cuando entrecerré los ojos y por un instante pude sentir nuestra niñez como entonces. En ese intervalo sentí que todo se precipitaba y un rato después arribó la ambulancia. Nos De contextura pequeña, pelo corto y con su nariz aguileña, prominente diría a primera vista. Toda mi atención se fijó en esa protuberancia grosera que estaba arraigada en la cara de esa pobre mujer, a su alrededor había luces fulgurantes que escondían el resto de la escena y sonidos estridentes que me ensordecían.

Un par de segundos Me sentí en desventaja y solo atiné a descender antes de llegar a mi destino. Quedé por un largo rato allí y luego me acerque a la garita de apeadero, a la espera de otro vehículo que me llevara hasta mi destino. En el ceno de mi familia tuve otro nombre que es parte de la estirpe de mi pueblo es con el que me llamaba mi madre en mis primeros años de vida y por mucho tiempo que no lo pronuncie ni en soledad.

Libro : El Secreto De La Cruz Carmesí (relatos Cortos)...

Con mis 83 años de vida tengo como mayor logro una linda familia y aunque pocos lo saben soy tristemente célebre por haber sobrevivido a dos genocidios y varias epidemias. Algunos religiosos nos visitan periódicamente. Ayer un grupo de alumnos con la guía de su maestro recorrió este barrio y me hicieron algunas preguntas.

Características

Yo le explicaba ley siempre hubo, es allí cuando ellos me respondían — debemos confiar ya que todos En ese instante, todos ellos comprenden que atesoro una historia de dolor. Piden permiso para pasar al patio y se los permito asistiendo con la cabeza, allí se sientan en el suelo formando un semicírculo y esperan en silencio mi relato.

Me tome un corto tiempo En la campaña militar de Qom, mocovíes, Wichies, pilagas, Abipones y Vilelas fueron obligados a vivir en Napalpí, nombre dada a una región cerca de Quitilipi que significa Cementerio. Esta reducción estaba ubicada a la altura del Km. Mis padres vivían allí junto a muchísima gente y trabajaban para la reservación y para los colonos.

Ellos los trataban literalmente como esclavos, es que al quitarles toda la tierra carecían de el derecho de establece, hasta el punto de no permitirles el consumo de los productos naturales como el agua, sin previa autorización de los dueños del lugar y con sórdidas imposiciones les negaban a salir del territorio para buscar asilo en alguna provincia. Así terminaron siendo prisioneros de los colonos que necesitaban levantar sus cosechas por míseros pagos.

Allí nací yo un 8 de marzo de Era muy pequeña para recordar esto, pero mi madre siempre contaba que para mediados de julio de ese mismo año la situación se hizo insostenible, hasta el punto que ya no había para comer. Esa mañana del 19 se juntaron en un grupo mujeres y chicos se retiraron hasta el límite del predio en busca de miel y bayas. Al llegar la tarde e ignorando lo que ocurría en el caserío, iniciaron su regreso.

Después de recorrer unos cientos de metros hallaron a un muchacho herido que les contó todo lo sucedido. Dijo el joven que la Policía Territorial del Chaco junto a algunos civiles armados habían disparado muchos tiros sobre los hombres, mujeres y niños de Napalpí y que los que habían sobrevivido los estaban matando a sablazos, mutilando y violando a las jóvenes antes de quitarles la vida, que también los braceros santiagueños y correntinos que estaban en el lugar fueron ejecutados con cuchillos.

Los mayores que cargaban a los pequeños como yo estaban exhaustos con ampollas en los pies y las ropas desgarradas por los cardos y las ramas.

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Antes de que amanezca nos pusimos nuevamente en movimiento, pero solo un pequeño grupo. La mayoría decidió permanecer en las inmediaciones pues consideraban que era poco probable que los perseguidores los hallaran allí. Éramos en total veinticinco. Nos acercarnos a ese lugar siguiendo las huellas de una piara de moros en busca de un abrevadero. Los mayores atraparon uno y fue su carne la que sacio el hambre del grupo esa tarde. Sin lugar a dudas Ñi qarot Nuestro Creador estaba atento a las necesidades pues condujo nuestro derrotero hacia ese lugar con abundante fauna y suficiente agua.

Permanecimos escondidos y viviendo como nuestros antepasados por mucho tiempo. En una de esas excursiones de caza hallaron los restos de un grupo de nativos que habían sido atrapados y acecinados de manera aberrante, colgando a los mayores, degollando a los niños y luego colocaron sus cabezas en picas clavadas en el suelo. Los que hallaron esta macabra Tiempo después hallaron una población a solo una jornada de distancia y desde ese día los adultos trabajaban en las chacras y cuando no había cosechas volvían al monte, nuevamente fuimos nómadas.

Crecí feliz lejos del peligro y al cobijo de la naturaleza. Nuevamente tuvimos arcos y flechas con puntas de madera endurecidas al fuego. La organización social definía las actividades del grupo y cumplíamos todos los ritos ancestrales de higiene y convivencia. Con las frutas de los Algarrobos y Mistoles, a fuerza de golpes en los morteros, se hacía harina que complementaba la dieta. Entre nosotros es muy importante saber guardar silencio y decir solo lo imprescindible, el interrumpir a otro y levantar la voz delante de los mayores es muy mal visto, como así también la charlatanería. Cuando cumplí los catorce años mi madre enfermo y murió.

Era primavera, lo sé porque florecen los Chañares y se llenan los causes de los ríos caudalosos. El Zapallar, hoy General San Martín. Me dirigí a Cochiñi lay Lugar de las charatas, hoy Presidencia Roca y me quede en esa zona trabajando entre los criollos. En Napalpí con la presencia de Nuestras vidas transcurrían en un permanente estado de alerta.

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Al regresar a la zona de la matanza, con gran sorpresa comprendí que nadie recordaba la situación acontecida allí, no sé si por el tiempo que había transcurrido o porque se habían encargado a conciencia de eliminar todos los testigos del ataque. Pase los siguientes cinco años de mi vida entre cosechas y trabajos en las casas de los colonos.

Había sido educada por mujeres las que expresamente me advertían del accionar de los hombres, pero todas esas enseñanzas carecieron de importancia el día que conocí a Sixto, un muchacho muy trabajador. El pertenece a la etnia Piilaxa Pilagas , el cual hizo que me mis sueños flotaran con la brisa.

Luego de que ambos tuvimos conciencia de mi estado, después de un par de meses nos juntamos y partimos hacia el interior de Formosa donde estaba radicada su familia.

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Dos años después viajamos a Las Lomitas e hicimos nuestro rancho bajo un frondoso Tatané cerca del poblado. Para el mes de mayo comenzaron a llegar varios miles de los nuestros desde Salta, decían que fueron echados de un ingenio y se trasladaron a pie hasta allí e hicieron campamento muy cerca de donde vivíamos, en un paraje conocido con el nombre de Rincón Bomba.

El hambre y el frió hizo estrago en ese grupa mal alimentados y medio desnudos. Aun viendo que no tenían para comer, en vez de salir a los montes a buscar el sustento, prefirieron salir a mendigar casa por casa. Primero recibieron ayuda de todos los pobladores y de la nación, el entonces Perón envió 3 vagones con mercaderías y ropas, los cuales fueron saqueados por los mismos que debían custodiarlos.

Llego a destino solo un poco y en mal estado de conservación lo que produjo cincuenta muertes por intoxicación. La situación total duro cinco meses al cabo de los cuales no falto quien dijera temer que los hambrientos atacaran el poblado. Cuando podíamos vendíamos cueros, plumas, miel, pequeños monos y pichones de aves. Para regresamos a la ya provincia de Formosa y nos instalamos a orillas del río Bermejo, en una colonia llamada El Alba al norte de El Colorado. Allí habitaban familias de varias etnias y muchos criollos e inmigrares. Luego el gobierno ayudo a los pobladores con elementos de labranza, plantas frutales y escuela.

Por fin tuvimos la paz que tanto habíamos buscado por años. Nuestros hijos crecieron, se educaron y formaron familias. Mi hija al ver que me quede sola por la muerte de su padre, me trajo a vivir con ella aquí a Resistencia. Todos me dieron bellos nietos Aquí cerca en otro barrio como el nuestro, que fuera entregado a un grupo grupos de autóctonos hace muchos años, se formo en el coro Chelaalapí bandada de zorzales que entona canciones nativas y da conciertos en lengua toba por todo el país.

Pero con todo este avance aun hay temas a los que no he hallado una explicación coherente, es que solo encuentro a mi pueblo haciendo artesanías o siendo mostrado como atractivo turístico. Los barrios étnicos son un claro ejemplo de discriminación. Nosotros éramos los poseedores de todo el territorio y ahora solo tenemos unos palmos de tierra de uso comunitario. Se por los antiguos que esta costumbre de matarnos a mansalva no era nuevo en esta aparte del país.