PDF Jose Marti: a la lumbre del zarzal

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Sergio Andricain - Libro "Lo de Puerto Principe: José Martí entre armas..."

POLLICE VERSO Memoria de Presidio Si, yo también, desnuda la cabeza de tocado y cabellos, y al tobillo una cadena burda, heme arrastrado entre un montón de sierpes, que revueltas sobre sus vicios negros, parecían esos gusanos de pesado vientre y ojos viscosos, que en hedionda cuba de pardo lodo lentos se revuelcan. Y espantado, póngome en pie, cual a emprender la fuga! A su lumbre el porvenir de mi nación preveo. Y lloro. La vida es grave, al flojo gladiador clava en la arena. Circo la tierra es, como el romano; y junto a cada cuna una invisible panoplia al hombre aguarda, donde lucen, cual daga cruel que hiere al que la blande los vicios, y cual límpidos escudos las virtudes: la vida es la ancha arena, y los hombres esclavos gladiadores.


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Mas el pueblo y el rey, callados miran de grada excelsa, en la desierta sombra. Y a aquel que en la contienda bajó el escudo, o lo dejó de lado, o suplicó cobarde, o abrió el pecho laxo y servil a la enconosa daga desde el sitial de la implacable piedra, condenan a morir, pollice verso; llevan, cual yugo el buey, la cuerda uncida, y a la zaga, listado el cuerpo flaco de hondos azotes, el montón de siervos! Mi mal es rudo; la ciudad lo encona; Lo alivia el campo inmenso. No de amores vulgares; estos amores Envenenan y ofuscan.

Хосе Марти. Вольные стихи. José Martí. VERSOS LIBRES

No es hermosa La fruta en la mujer, sino la estrella. Es de inefable Amor del que yo muero, del muy dulce Menester de llevar, como se lleva Un niño tierno en las cuidosas manos, Cuanto de bello y triste ven mis ojos. Del sueño, que las fuerzas no repara Sino de los dichosos, y a los tristes El duro humor y la fatiga aumenta, Salto, al sol, como un ebrio. Grato es morir, horrible vivir muerto. La dicha es una prenda De compasión de la fortuna al triste Que no sabe domarla.

Pienso en aquel a quien mi amor culpable Trajo a vivir, y, sollozando, esquivo De mi amada los brazos; mas ya gozo De la aurora perenne el bien seguro. Quien va a morir, va muerto. Este el santo Salem, éste el Sepulcro De los hombres modernos. Los lóbregos espacios Rasgué desde mi infancia con los tristes Penetradores ojos: el misterio En una hora feliz de sueño acaso De los jueces así, y amé la vida Porque del doloroso mal me salva De volverla a vivir. Puede ansiosa La Muerte, pues, de pie en las hojas secas, Esperarme a mi umbral con cada turbia Tarde de Otoño, y silenciosa puede Irme tejiendo con helados copos Mi manto funeral.

Dicen que Schwerzmann obró en un momento de locura. La frente encorvo, el cuello manso inclino Y, con los labios apretados, muero.

José Martí a la lumbre del zarzal. – Nagari

Porque a mis ojos los brazos olorosos En armónico gesto alzó Pomona. Mientras que el mundo gigantesco crece, Mi jornal en las ollas de la casa! Mis ojos sólo, los míos caros ojos, que me revelan mi disfraz, son míos, queman, me queman, nunca duermen, oran, y en mi rostro los siento y en el cielo, y le cuentan de mí, y a mí dél cuentan. Y la tierra en silencio y una hermosa voz de mi corazón, contestaron.

Este, es un yugo: quien lo acepta, goza. Hace de manso buey, y como presta Servicio a los señores, duerme en paja Caliente, y tiene rica y ancha avena. Esta, oh misterio que de mí naciste Cual la cumbre nació de la montaña, Esta, que alumbra y mata, es una estrella. Como que riega luz, los pecadores Huyen de quien la lleva, y en la vida, Cual un monstruo de crímenes cargado, Todo el que lleva luz se queda solo.

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Pero el hombre que al buey sin pena imita, Buey torna a ser, y en apagado bruto La escala universal de nuevo empieza. Ruge el cielo; las nubes se aglomeran, Y aprietan, y ennegrecen, y desgajan. Los vapores del mar la roca ciñen. Sacra angustia y horror mis ojos comen.

Rasgóse el velo; por un tajo ameno De claro azul, como en sus lienzos abre Entre mazos de sombra Díaz famoso, El hombre triste de la roca mira En lindo campo tropical, galanes Blancos, y Venus negras, de unas flores Fétidas y fangosas coronados. Dadme mi cielo azul Una cita a la sombra de tu oscuro Portal donde el friecillo nos convida A apretarnos los dos, de tan estrecho Modo, que un solo cuerpo los dos sean: Deja que el aire zumbador resbale, Cargado de salud, como travieso Mozo que las corteja, entre las hojas, Y en el pino Rumor y majestad mi verso aprenda.

Sólo la noche del amor es digna. La soledad, la oscuridad convienen. Oh noche, sol del triste, amable seno Donde su fuerza el corazón revive, Perdura, apaga el sol, toma la forma De mujer libre y pura, a que yo pueda Ungir tus pies, y con mis besos locos Ceñir tu frente y calentar tus manos.

Pollice Verso - Poem by Jose Marti

Librame, eterna noche, del verdugo, O dale a que me dé con la primera Alba una limpia y redentora espada. Se ama de pie, en las calles, entre el polvo De los salones y las plazas; muere La flor el día en que nace. Pues gquién tiene Tiempo de ser hidalgo? Menos, sí, menos que mi rostro pesa. Quejarme, no me quejo: es de lacayos Quejarse, y de mujeres, Y de aprendices de la trova, manos Nuevas en liras viejas: - Pero vivo Cual si mi ser entero en un agudo Desgarrador sollozo, se exhalara.

Cruzando los brazos como en nube Parda, en mortal sosiego me hundiría. Si las tuerce o revuelve y si tropieza Y da en atolladero, a sí se culpe Y del incendio o del zarzal redima La destrozada brida: sin que al noble Sol y De nuestro bien o mal autores somos, Y cada cual autor de sí; la queja l En blanco, en el original. A la torpeza y la deshonra añade De nuestro error. Un obrero tiznado; una enfermiza Mujer, de faz enjuta y dedos gruesos; Otra que al dar al Sol los entumidos Miembros en el taller, como una egipcia Voluptuosa y feliz, la saya burda En las manos recoge y canta, y danza; Un niño que sin miedo a la ventisca, Como el soldado con el arma al hombro, Va con sus libros a la escuela; el denso Rebaño de hombres que en silencio triste Sale a la aurora y con la noche vuelve, Del pan del día en la difícil busca, Cual la luz a Memnón, mueven mi lira.

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Naturaleza, siempre viva: el mundo De minotauro yendo a mariposa, Que de rondar el Sol enferma y muere; La sed de Iuz, que como el mar salado La de los labios, con el agua amarga De la vida se irrita; la columna Compacta de asaltantes que sin miedo Al Dios de ayer sobre los flacos hombros La mano libre y desferrada ponen, Y los ligeros pies en el vacío, Poesía son y estrofa alada, y grito Que ni en tercetos ni en octava estrecha Ni en remilgados serventesios caben.

Ramaje quieren suelto y denso, y tronco Alto y robusto, en fibra rico y savia. Perdona, pues, oh estrofa nueva, el tosco Alarde de mi amor. Cuando, oh Poesía, Cuando en tu seno reposar me es dado. Noble furor enciende al sacerdote, Y a la insensata, contra el ara augusta Como una copa de cristal rompiera. II Vino hirviente es amor: del vaso afuera, Echa, brillando al sol, la alegre espuma, Y en sus claras burbujas, desmayados Cuerpos, rizosos niños, cenadores Fragantes y amistosas alamedas Y juguetones ciervos se retratan. III Bien duerma, bien despierte, bien recline, — Aunque no lo reclino — bien de hinojos, Ante un niño que juega el cuerpo doble, Que no se dobla a viles ni a tiranos, Siento que siempre estoy en pie.

Si-suelo, Cual del niño en los rizos suele el aire Benigno, en los piadosos labios tristes Dejar que vuele una sonrisa, es cierto Que así, sépalo el mozo, así sonríen Cuantos nobles y crédulos buscaron El sol eterno en la belleza humana. Sólo hay un vaso que la sed apague De hermosura y amor: Naturaleza Abrazos deleitosos, hibleos besos A sus amantes pródiga regala.

Porque los dome, el pecho al hombre inunda Con pardos brutos y con torvas fieras.


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A las pies de la esclava vencedora El hombre yace deshonrado, muerto. Besé tus pies, te vi pasar, señora. Ya compañía Tengo para afrontar la vida eterna. Para la hora de la luz, la hora De reposo y de flor, ya tengo cita. Esto diciendo, los abiertos brazos Tendió el cantor como a abrazar.

El vivo Amor que su viril estrofa mueve Sólo duró lo que su estrofa dura. El ígneo, el Calló, brilló, volvió solo a su tumba. A la manera, Como cuando el puñal se hunde en el cuello De la res, sube al cielo hilo de sangre. Sólo el amor engendra melodías. No es la vida Copa de mago que el capricho torna En hiel para los míseros, y en férvido Tokay para el feliz.

Circo la tierra es, como el Romano; Y junto a cada cuna una invisible Panoplia al hombre aguarda, donde lucen Cual daga cruel que hiere al que la blande, Los vicios, y cual límpidos escudos Las virtudes: la vida es la ancha arena, Y los hombres esclavos gladiadores,— Mas el pueblo y el rey, callados miran De grada excelsa, en la desierta sombra. Pero miran!